Ya se me pasa. El corazón se me pone como una moto.
Los dibujos, en nuestra locura y frenesí, actuamos como un caballo desbocado atado a una noria. Mucho esfuerzo traducido en ningún avance. En definitiva la ecuación de la ley fundamental de nuestro mundo:
eficacia limitada - eficiencia negativa = derroche y despilfarro elevado a locura colectiva.
¡Esto es el fin del mundo!
¡Qué pasa! ¡Los mayores tenemos la prerrogativa de escandalizarnos! ¡Nos lo hemos ganado!
Estamos tan locos que nos quedaremos sin pan por producir combustible para fabricar cosas que ya tenemos -o gasolina al coche- y prescindiremos de las patatas para que nos sigan dando bolsas de plástico en los supermercados.
¿No lo sabían? En nuestro mundo hacemos el combustible con cereales y se van a fabricar las bolsas del supermercado con patatas para que no sean tan contaminantes. ¡Así está el pan a como está!
¡Genial! Ahora que caigo, con la de bolsas que se gastan, la patata pasará a la misma categoría alimenticia que el caviar en pocos meses.
¡Oh cielos, qué horror! ¿Y yo qué voy a comer?
¡Ya sé! Las bolsas de los supermercados serán comestibles. Puede que cociditas y bien condimentadas... Un sofrito de cebolla, un poquito de orégano, una ramita de laurel... es cuestión de probar.
Aunque, a lo mejor, el gobierno está aplicando la ley de inercia de Newton.
Enunciado: “para que un cuerpo altere su movimiento es necesario que exista algo que provoque dicho cambio”.
Es decir, han pensado que la manera de que cambiemos es dejarnos sin comer y así aprenderemos.
No está mal. Las leyes físicas suelen cumplirse pero, habiendo cabezas dibuhumanas por medio, no sé yo... A veces vale más una patada en los h....
¡Ya he perdido los nervios otra vez! ¡Oh cielos, qué horror!
Vale que los dibujos tenemos cualidades elásticas y de auto reconstrucción (véanse, por ejemplo, los trompazos que damos en nuestras películas) y todo nuestro mundo tiene un cierto grado de flexibilidad, pero estas capacidades son limitadas y dependemos del sistema que nos mantiene. Por ejemplo:
-De la totalidad de planetas de nuestro Sol (132 contando al coyote del correcaminos que está en órbita desde hace unos meses) sólo podemos habitar en uno.
-De los 19.877 metros que van desde la sima oceánica más profunda al pico del Everest, podemos vivir sólo en unos 4 o 5.000 metros (en general no más de 3.000). Sobre los 5.000 se nos salen los ojos y bajo el nivel del mar nos explota la cabeza al aguantar la respiración.
-Del rango de temperaturas posibles en el universo que van de los 273 grados bajo cero (la más fría posible) a unos 9.700 millones de grados, apenas somos viables en un rango de 50-60 grados. Fuera de él nos desintegramos en cubitos u olemos a barbacoa.
-Si nos da el sol de verano más de media hora seguida nos cocemos en nuestra propia tinta.
-Somos incapaces de aguantar más de dos suegras o un documental entero de la dos sin que se nos ponga la cabeza en forma de poliedro regular.
Y nosotros, pasando de todo, dibujocéntricos a tope.
Es, al global de nuestro mundo, como si algunas células de nuestro organismo, inconscientes de su naturaleza y dependencias, anduvieran, ¡qué sé yo!, parcelando el hígado para hacer adosados, taponando la tráquea porque hace mucho aire en los pulmones, desviando las arterias para llenar piscinas o cortando trozos de la tibia para hacer hogueras. Y, además, ¡con ansia!
Como dice mi amigo Obelix: “¡Estamos locos los dibuhumanos!”.
¡Me planto! Voy a hacer las tostadas en la sartén y no voy a comprar otra tostadora hasta que me garanticen que es reparable al menos, digamos, por unos 50 años.
Todo sea por la memoria de Margarita.
Observaciones empíricas del grupo científico de seguimiento:
Se inician las observaciones. Las fuerzas de orden público han irrumpido y han confiscado las fotos de señoritas. Les han dado sendos cachetes a los físicos alborotadores y el equipo completo se ha puesto a trabajar. Han confeccionado un estudio de 612 folios de los que 610 son bibliografía, uno la introducción y otro la portada.
Los dibujos, en nuestra locura y frenesí, actuamos como un caballo desbocado atado a una noria. Mucho esfuerzo traducido en ningún avance. En definitiva la ecuación de la ley fundamental de nuestro mundo:
eficacia limitada - eficiencia negativa = derroche y despilfarro elevado a locura colectiva.
¡Esto es el fin del mundo!
¡Qué pasa! ¡Los mayores tenemos la prerrogativa de escandalizarnos! ¡Nos lo hemos ganado!
Estamos tan locos que nos quedaremos sin pan por producir combustible para fabricar cosas que ya tenemos -o gasolina al coche- y prescindiremos de las patatas para que nos sigan dando bolsas de plástico en los supermercados.
¿No lo sabían? En nuestro mundo hacemos el combustible con cereales y se van a fabricar las bolsas del supermercado con patatas para que no sean tan contaminantes. ¡Así está el pan a como está!
¡Genial! Ahora que caigo, con la de bolsas que se gastan, la patata pasará a la misma categoría alimenticia que el caviar en pocos meses.
¡Oh cielos, qué horror! ¿Y yo qué voy a comer?
¡Ya sé! Las bolsas de los supermercados serán comestibles. Puede que cociditas y bien condimentadas... Un sofrito de cebolla, un poquito de orégano, una ramita de laurel... es cuestión de probar.
Aunque, a lo mejor, el gobierno está aplicando la ley de inercia de Newton.
Enunciado: “para que un cuerpo altere su movimiento es necesario que exista algo que provoque dicho cambio”.
Es decir, han pensado que la manera de que cambiemos es dejarnos sin comer y así aprenderemos.
No está mal. Las leyes físicas suelen cumplirse pero, habiendo cabezas dibuhumanas por medio, no sé yo... A veces vale más una patada en los h....
¡Ya he perdido los nervios otra vez! ¡Oh cielos, qué horror!
Vale que los dibujos tenemos cualidades elásticas y de auto reconstrucción (véanse, por ejemplo, los trompazos que damos en nuestras películas) y todo nuestro mundo tiene un cierto grado de flexibilidad, pero estas capacidades son limitadas y dependemos del sistema que nos mantiene. Por ejemplo:
-De la totalidad de planetas de nuestro Sol (132 contando al coyote del correcaminos que está en órbita desde hace unos meses) sólo podemos habitar en uno.
-De los 19.877 metros que van desde la sima oceánica más profunda al pico del Everest, podemos vivir sólo en unos 4 o 5.000 metros (en general no más de 3.000). Sobre los 5.000 se nos salen los ojos y bajo el nivel del mar nos explota la cabeza al aguantar la respiración.
-Del rango de temperaturas posibles en el universo que van de los 273 grados bajo cero (la más fría posible) a unos 9.700 millones de grados, apenas somos viables en un rango de 50-60 grados. Fuera de él nos desintegramos en cubitos u olemos a barbacoa.
-Si nos da el sol de verano más de media hora seguida nos cocemos en nuestra propia tinta.
-Somos incapaces de aguantar más de dos suegras o un documental entero de la dos sin que se nos ponga la cabeza en forma de poliedro regular.
Y nosotros, pasando de todo, dibujocéntricos a tope.
Es, al global de nuestro mundo, como si algunas células de nuestro organismo, inconscientes de su naturaleza y dependencias, anduvieran, ¡qué sé yo!, parcelando el hígado para hacer adosados, taponando la tráquea porque hace mucho aire en los pulmones, desviando las arterias para llenar piscinas o cortando trozos de la tibia para hacer hogueras. Y, además, ¡con ansia!
Como dice mi amigo Obelix: “¡Estamos locos los dibuhumanos!”.
¡Me planto! Voy a hacer las tostadas en la sartén y no voy a comprar otra tostadora hasta que me garanticen que es reparable al menos, digamos, por unos 50 años.
Todo sea por la memoria de Margarita.
Observaciones empíricas del grupo científico de seguimiento:
Se inician las observaciones. Las fuerzas de orden público han irrumpido y han confiscado las fotos de señoritas. Les han dado sendos cachetes a los físicos alborotadores y el equipo completo se ha puesto a trabajar. Han confeccionado un estudio de 612 folios de los que 610 son bibliografía, uno la introducción y otro la portada.