Como la discusión entre mi casa y las excavadoras estaba subiendo de tono y no me dejaba ver tranquilo la tele, la he apagado (tirando del enchufe en la esperanza de no volver a tener problemas con los mandos a distancia) y he salido con la intención de mediar en la discusión.
Mi casa estaba en pleno ataque de nervios, iracunda, con temblores y de un rojo bermellón que me ha hecho preocuparme por su salud ya que su color natural es verde pálido. La excavadora no dejaba de reírse en su cara y la grúa pasaba olímpicamente de ella en actitud de cachondeo.
Me ha parecido que la tensión era excesiva y he sacado la manguera para echarle a mi casa un poco de agua. Esto suele gustarle y la relaja por lo que lo hago coincidiendo con la paga extra del verano o en casos de emergencia como este.
Sabiendo que, al precio que pagamos el agua en Dibuciudad, este mes tendré que hacer recortes, la he duchado hasta que ha dejado de salir vapor y, luego, he intentado consolarla durante un rato. La pobre estaba muy afectada.
Femenina que es, le gusta estar de buen ver y aseada y los destrozos que estaba sufriendo, crecientes e injustificados, hay que reconocerlo, sumados a su incapacidad para conseguir una explicación y una reparación razonable, la tenían en un estado lamentable.
Lo que ha sucedido luego me ha devuelto a mis tiempos de estudiante.
Enunciado principio de acción-reacción de Newton: Si un cuerpo A ejerce una acción sobre otro cuerpo B, éste realiza sobre A otra acción igual y de sentido contrario.
Ejemplo:
Acción: Mientras intentaba calmar a mi casa, un coche aparcado (cuerpo A), de alta cilindrada como ahora dicen en las noticias, ha mojado una sopa diciendo que él era el coche del constructor y que su dueño a él lo trataba con mucho mimo, por lo que mi casa, sin duda, estaba mintiendo.
Reacción: Con total serenidad y sin alterarme los más mínimo, le he roto (yo, cuerpo serrano B) un espejo, un cristal y un faro, además de arañarlo con una llave, por meterse dónde no le llaman, y mearme en una rueda. Esto, que ha irritado al coche, ha tenido la virtud de calmar a mi casa y ha dado paz a mi espíritu cual ejercicio de yoga o tai chi.
“Quod erat demonstrandum”.
Pese a todo, he pensado que quizás el Ayuntamiento debería intervenir en estos casos, aunque sólo fuera aconsejando a las casas sobre qué hacer e, incluso, facilitándoles asesoramiento y respaldo jurídico gratis, si es menester o, al menos, consuelo y tazas de tila si es que no puede actuar de algún modo contra la maquinaria de obra desaprensiva. Como no me ha parecido mala idea, he pensado en transmitírsela al concejal que lleva el asunto. Es un señor muy serio y popular al que ustedes conocen por el papel de dueño de una central nuclear que ha interpretado en una popular serie que ponen en la tele y que debe ser obligatorio saberse de memoria a la vista del número de veces que la han repetido (los Pimpson, creo que se llama). Aprovecho para decir que, aunque económicamente le va muy bien (al concejal), no se debe, como las malas lenguas propagan, a maniobras en su puesto de concejal sino a sus emolumentos en la mencionada serie. Como he pensado que mis canas podrían surtir efecto en él, me he propuesto localizarle un día de estos para comentarle mi sugerencia que estimo interesante.
Rumiando la idea y tras darle unas palmadas a mi casa para tranquilizarla, he dirigido mis pasos hacia la plaza pero, a los pocos metros, me ha parecido que era muy desconsiderado dejarla así y he decidido volverme para pasar el resto de la tarde con ella. Además, ya soy mayor, el día de hoy ha sido muy largo y espero que termine con tranquilidad y sosiego.
Antes de entrar, me he parado a negociar con las máquinas de la obra de al lado que han cedido, no sin batalla, en que las 23:30 era una hora prudente para dejar de perforar y que así podamos comer un bocata en la cama, mientas nos vence el sueño, sin demasiados ruidos, saltos ni sobresaltos.
Y con esto les dejo por hoy. Mañana será otro día.
Observaciones empíricas del grupo científico de seguimiento:
Ninguna. Al parecer, la secretaria ha pasado a la reunión y, a partir del juicio emitido por uno de los presentes sobre la esbeltez y buen ver de la susodicha, se han enfrascado en una discusión sobre genotipos, fenotipos, metafísica y psicología aplicada. Sigue sin resolverse qué ramas de la ciencia deberían incluirse en la observación.
Mi casa estaba en pleno ataque de nervios, iracunda, con temblores y de un rojo bermellón que me ha hecho preocuparme por su salud ya que su color natural es verde pálido. La excavadora no dejaba de reírse en su cara y la grúa pasaba olímpicamente de ella en actitud de cachondeo.
Me ha parecido que la tensión era excesiva y he sacado la manguera para echarle a mi casa un poco de agua. Esto suele gustarle y la relaja por lo que lo hago coincidiendo con la paga extra del verano o en casos de emergencia como este.
Sabiendo que, al precio que pagamos el agua en Dibuciudad, este mes tendré que hacer recortes, la he duchado hasta que ha dejado de salir vapor y, luego, he intentado consolarla durante un rato. La pobre estaba muy afectada.
Femenina que es, le gusta estar de buen ver y aseada y los destrozos que estaba sufriendo, crecientes e injustificados, hay que reconocerlo, sumados a su incapacidad para conseguir una explicación y una reparación razonable, la tenían en un estado lamentable.
Lo que ha sucedido luego me ha devuelto a mis tiempos de estudiante.
Enunciado principio de acción-reacción de Newton: Si un cuerpo A ejerce una acción sobre otro cuerpo B, éste realiza sobre A otra acción igual y de sentido contrario.
Ejemplo:
Acción: Mientras intentaba calmar a mi casa, un coche aparcado (cuerpo A), de alta cilindrada como ahora dicen en las noticias, ha mojado una sopa diciendo que él era el coche del constructor y que su dueño a él lo trataba con mucho mimo, por lo que mi casa, sin duda, estaba mintiendo.
Reacción: Con total serenidad y sin alterarme los más mínimo, le he roto (yo, cuerpo serrano B) un espejo, un cristal y un faro, además de arañarlo con una llave, por meterse dónde no le llaman, y mearme en una rueda. Esto, que ha irritado al coche, ha tenido la virtud de calmar a mi casa y ha dado paz a mi espíritu cual ejercicio de yoga o tai chi.
“Quod erat demonstrandum”.
Pese a todo, he pensado que quizás el Ayuntamiento debería intervenir en estos casos, aunque sólo fuera aconsejando a las casas sobre qué hacer e, incluso, facilitándoles asesoramiento y respaldo jurídico gratis, si es menester o, al menos, consuelo y tazas de tila si es que no puede actuar de algún modo contra la maquinaria de obra desaprensiva. Como no me ha parecido mala idea, he pensado en transmitírsela al concejal que lleva el asunto. Es un señor muy serio y popular al que ustedes conocen por el papel de dueño de una central nuclear que ha interpretado en una popular serie que ponen en la tele y que debe ser obligatorio saberse de memoria a la vista del número de veces que la han repetido (los Pimpson, creo que se llama). Aprovecho para decir que, aunque económicamente le va muy bien (al concejal), no se debe, como las malas lenguas propagan, a maniobras en su puesto de concejal sino a sus emolumentos en la mencionada serie. Como he pensado que mis canas podrían surtir efecto en él, me he propuesto localizarle un día de estos para comentarle mi sugerencia que estimo interesante.
Rumiando la idea y tras darle unas palmadas a mi casa para tranquilizarla, he dirigido mis pasos hacia la plaza pero, a los pocos metros, me ha parecido que era muy desconsiderado dejarla así y he decidido volverme para pasar el resto de la tarde con ella. Además, ya soy mayor, el día de hoy ha sido muy largo y espero que termine con tranquilidad y sosiego.
Antes de entrar, me he parado a negociar con las máquinas de la obra de al lado que han cedido, no sin batalla, en que las 23:30 era una hora prudente para dejar de perforar y que así podamos comer un bocata en la cama, mientas nos vence el sueño, sin demasiados ruidos, saltos ni sobresaltos.
Y con esto les dejo por hoy. Mañana será otro día.
Observaciones empíricas del grupo científico de seguimiento:
Ninguna. Al parecer, la secretaria ha pasado a la reunión y, a partir del juicio emitido por uno de los presentes sobre la esbeltez y buen ver de la susodicha, se han enfrascado en una discusión sobre genotipos, fenotipos, metafísica y psicología aplicada. Sigue sin resolverse qué ramas de la ciencia deberían incluirse en la observación.