viernes, 30 de noviembre de 2007

Se hace camino al rodar

En Mundodibú ocurre que cuando un peatón camina por la calzada -siempre que sea sin intención de ir a la otra acera- sufre cambios en su anatomía que le transforman, no sin dolor, en un vehículo. Por tanto, en cuanto pongo un pie en el asfalto me transformo en una furgoneta que al costado lleva impreso “Construcciones Hermanos Quiralte, alicatamos por detrás y por delante”. Desconozco qué mecanismo decide en qué coche nos transformamos pero les aseguro que cada vez es en uno diferente y que la metamorfosis es total.
Emprendo la marcha y rompo un palier en una zanja mal terminada de acometida de agua. Con un palier menos y un ruido más, reviento una rueda en otra zanja mal terminada de acometida de alcantarillado. Al intentar evitar una tercera zanja, rompo mi espejo contra un camión de reparto de bebidas aparcado en triple fila.
Cuando me detengo para comprobar los desperfectos viene un guardia y, tras saludar amistosamente al del camión, me multa por no llevar bombillas de repuesto, ignorando por completo mi espejo roto y la rueda pinchada. No digo nada para no aumentar la multa.
Seis metros más adelante, espero durante 15 minutos a que el conductor del coche que va delante del mí termine de hablar con el conductor del coche que va en sentido contrario y que ha parado para saludarle y discutir el partido de fútbol del pasado domingo.
Resignado, espero.
Finalmente acometo la calle principal.
Me desvían a la izquierda por obras.
Tomo la primera a la derecha para dirigirme a mi destino. A mitad de la calle, sale un señor de un camión de mudanzas y se pone en medio de la calle indicándome que dé la vuelta mientras, de frente a mí y en dirección prohibida, aparece un camión gigantesco con una hormigonera en las costillas.
Marcha atrás, vuelvo a intentarlo por la siguiente a la derecha.
Me he metido en una calle de colegio. Es como cuando en el Monopoli te sale la cárcel. Siete manos sin jugar.
Cuando los niños del colegio están saliendo al recreo se deshace el atasco y puedo seguir.
Me desvían a la derecha por obras.
Me desvían a la izquierda por atasco en el mercadillo.
Me toca detrás de un camión de autoescuela. Me encomiendo al santo Job.
Doy una vuelta completa a la manzana pues todas las calles que me encuentro son prohibidas o dirección obligatoria.
Semáforo roto. Pongo el despertador para dentro de 90 minutos y duermo una siesta.
Me desvío a la derecha por encontrar un camión de reparto parado, sin conductor, en medio de la calle y, para mi sorpresa, me encuentro en Dibuciudad-vecina.
Me subo a la acera. Me transformo en humano y tomo un autobús de vuelta a Dibuciudad, aprovechando para curar mi pié, rodilla y oreja (recuerden... rueda, palier y espejo).

Observaciones empíricas del grupo científico de seguimiento:
Ninguna. Otra vez en la “Pausa café”.

No hay comentarios: