Escucho al amable, aunque adusto, señor del Ayuntamiento que me dice que tengo que hacer un proyecto que consiste en que otro pinte en un papel diferente mi mismo dibujo y que me cobrarán por ello.
Acto seguido, me ha dicho que, al terminar la obra, tengo que ir al Registro dónde me cobrarán por apuntar en un papel que mi casa ha cambiado.
Sin inmutarse por mi cara de asombro, ha añadido que si tengo hipoteca (¡y quién no, ella me tiene a mí!) debería hablar con el banco por si me tienen que cobrar algo por cambiar algún papel en el notario, que puede que también quiera cobrar algo por escribir en el papel.
Este mismo señor, muy atento, me ha explicado que luego, cuando haga la reforma, el Ayuntamiento me cobrará más impuestos al año por mi casa al ser más grande.
Elucubro sobre la razón de que tenga que pagar al ayuntamiento por hacer una obra con un dinero por el que ya había pagado mis impuestos.
Elucubro...
Elucubro...
Elucubro...
Concluyo: En definitiva, viendo que antes de mover una piedra tendría que gastar en papeles tropecientos mil dibueuros, que no tengo, y estimando que el coste en tinta de bolígrafo supera al coste en ladrillo y otros materiales, he decidido que era mejor explorar la alternativa de la crema cosmética para las estrías o esperar y ver si mi casa explota, se derrumba o emigra a otro pueblo menos aficionado a la escritura.
Cuando salía del Ayuntamiento, he recordado que el periódico del kiosco hablaba de que la vivienda en Mundodibú está por las nubes y que es inaccesible para muchas familias. He decidido iniciar averiguaciones sobre este candente asunto (de lleno dentro de la actividad general de los jubilados que, como todos saben, es vigilar obras) pero primero iré a comer, que tanto paseo me ha abierto el apetito.
He llegado a mi casa en mal momento pues la pobre estaba discutiendo con la excavadora y con la grúa del vecino que, al parecer, en sus trabajos, le habían roto 6 tejas, abierto 12 grietas y ensuciado paredes y cristales de cemento y de otra sustancia amarilla y pegajosa que no he querido saber qué era. Los he dejado discutiendo y he pasado a prepararme la comida, mientras escuchaba a mi casa amenazar con ir al Ayuntamiento y al Juzgado, y las carcajadas de la grúa y la excavadora aplaudidas y jaleadas por otras herramientas de menor porte e importancia en el escalafón.
Me he puesto el traje de buzo ya que, de un tiempo a esta parte, al freír los filetes aparece tanta agua que en alguna ocasión he estado a punto de ahogarme.
Se produce a continuación una lucha a brazo partido con los filetes que intentan, por todos los medios, saltar fuera de la sartén.
Tras procurarlo por diversos medios, los he dominado sentándome sobre ellos (con el efecto colateral de quemarme el culo).
Con el pan que compré hace un rato y un vaso de agua del grifo, me he sentado a la mesa.
Al observar la elasticidad del pan, he concluido que es de la misma especie animal que los calamares de esta mañana, pese a que no le encuentro los ojos por ningún lado. Deben venderlo limpio y destripado.
El agua ha adquirido un tono crema que me ha hecho pensar en beberla en vez del café con leche del desayuno, y así terminar mi batalla con los bricks.
Por último, los filetes se han reducido de tal modo tras su paso por la sartén que apenas eran visibles en el plato. Les está bien empleado por rebeldes.
Con estas excelentes viandas sobre la mesa, y sometiendo a mis dientes a otra dura prueba (mi dentista es millonario), he procurado ingerir una cantidad suficiente para la supervivencia o, al menos, para que mi estómago, que es un quejicoso insufrible, deje de proferir lamentos.
Ni me planteo lo de la fruta pues, entre los precios que lleva y su auténtico e inconfundible sabor a nada, hace tiempo que, pese a las recomendaciones de los médicos, abandoné su consumo. Además, el agua del grifo sale más barata (no mucho) y viene a tener las mismas cualidades organolépticas.
Observaciones empíricas del grupo científico de seguimiento:
Ninguna. Por desgracia, se ha retomado la discusión sobre la inclusión de Astrología y Adivinación al considerarse la posibilidad de aceptar al representante de Quiromancia por si en el relato se mencionan las manos en algún punto.
Acto seguido, me ha dicho que, al terminar la obra, tengo que ir al Registro dónde me cobrarán por apuntar en un papel que mi casa ha cambiado.
Sin inmutarse por mi cara de asombro, ha añadido que si tengo hipoteca (¡y quién no, ella me tiene a mí!) debería hablar con el banco por si me tienen que cobrar algo por cambiar algún papel en el notario, que puede que también quiera cobrar algo por escribir en el papel.
Este mismo señor, muy atento, me ha explicado que luego, cuando haga la reforma, el Ayuntamiento me cobrará más impuestos al año por mi casa al ser más grande.
Elucubro sobre la razón de que tenga que pagar al ayuntamiento por hacer una obra con un dinero por el que ya había pagado mis impuestos.
Elucubro...
Elucubro...
Elucubro...
Concluyo: En definitiva, viendo que antes de mover una piedra tendría que gastar en papeles tropecientos mil dibueuros, que no tengo, y estimando que el coste en tinta de bolígrafo supera al coste en ladrillo y otros materiales, he decidido que era mejor explorar la alternativa de la crema cosmética para las estrías o esperar y ver si mi casa explota, se derrumba o emigra a otro pueblo menos aficionado a la escritura.
Cuando salía del Ayuntamiento, he recordado que el periódico del kiosco hablaba de que la vivienda en Mundodibú está por las nubes y que es inaccesible para muchas familias. He decidido iniciar averiguaciones sobre este candente asunto (de lleno dentro de la actividad general de los jubilados que, como todos saben, es vigilar obras) pero primero iré a comer, que tanto paseo me ha abierto el apetito.
He llegado a mi casa en mal momento pues la pobre estaba discutiendo con la excavadora y con la grúa del vecino que, al parecer, en sus trabajos, le habían roto 6 tejas, abierto 12 grietas y ensuciado paredes y cristales de cemento y de otra sustancia amarilla y pegajosa que no he querido saber qué era. Los he dejado discutiendo y he pasado a prepararme la comida, mientras escuchaba a mi casa amenazar con ir al Ayuntamiento y al Juzgado, y las carcajadas de la grúa y la excavadora aplaudidas y jaleadas por otras herramientas de menor porte e importancia en el escalafón.
Me he puesto el traje de buzo ya que, de un tiempo a esta parte, al freír los filetes aparece tanta agua que en alguna ocasión he estado a punto de ahogarme.
Se produce a continuación una lucha a brazo partido con los filetes que intentan, por todos los medios, saltar fuera de la sartén.
Tras procurarlo por diversos medios, los he dominado sentándome sobre ellos (con el efecto colateral de quemarme el culo).
Con el pan que compré hace un rato y un vaso de agua del grifo, me he sentado a la mesa.
Al observar la elasticidad del pan, he concluido que es de la misma especie animal que los calamares de esta mañana, pese a que no le encuentro los ojos por ningún lado. Deben venderlo limpio y destripado.
El agua ha adquirido un tono crema que me ha hecho pensar en beberla en vez del café con leche del desayuno, y así terminar mi batalla con los bricks.
Por último, los filetes se han reducido de tal modo tras su paso por la sartén que apenas eran visibles en el plato. Les está bien empleado por rebeldes.
Con estas excelentes viandas sobre la mesa, y sometiendo a mis dientes a otra dura prueba (mi dentista es millonario), he procurado ingerir una cantidad suficiente para la supervivencia o, al menos, para que mi estómago, que es un quejicoso insufrible, deje de proferir lamentos.
Ni me planteo lo de la fruta pues, entre los precios que lleva y su auténtico e inconfundible sabor a nada, hace tiempo que, pese a las recomendaciones de los médicos, abandoné su consumo. Además, el agua del grifo sale más barata (no mucho) y viene a tener las mismas cualidades organolépticas.
Observaciones empíricas del grupo científico de seguimiento:
Ninguna. Por desgracia, se ha retomado la discusión sobre la inclusión de Astrología y Adivinación al considerarse la posibilidad de aceptar al representante de Quiromancia por si en el relato se mencionan las manos en algún punto.
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