sábado, 26 de enero de 2008

Cosas de la evolución

Era María Pilar Sánchez. ¿No la conocen? Hummm... ¿como les explico? Yo tampoco la conozco de nada.
Me llamaba de no se qué compañía de teléfonos para explicarme la nueva tarifa de oferta.
Me ha tenido 15 minutos escuchando, gastándome la batería, para explicarme que la nueva tarifa me permitiría llamar a Beluchistán de 18:30 a 19:45 todos los impares del mes que coincidan con los pares de la semana, incluso sábados y martes -excluidos los viernes por la mañana-, siempre que no sea a abonados de la compañía Microphone-Altaphone (la más importante de Beluchistán) todo por la módica cuota de 2 euros al mes y, como es una oferta, sin cobrarme el alta en el servicio. Jura y perjura que obtendré grandes beneficios si me suscribo.
¡Vaya guasa! Hace tiempo que descubrí que, salvo los ingenieros en tarifas telefónicas -y siempre que hayan hecho el doctorado y se hallan empotrado un televisor en el ojo para estar al tanto de los cambios de tarifa- al resto de los mortales nos engañan y nos cobran lo que les da la gana.
Dígame si, cambiando la tarifa según el día de la semana, la hora, la compañía del destinatario, el plan de precios del mes y la estación lunar, tiene usted la más mínima probabilidad de saber lo que la va a costar el servicio. ¡Ni con una regla de cálculo, un GPS y un ordenador Ex-Plotium 3'1416 de última generación! Para saberlo necesitaría llevar un diario detallado de todas y cada una de sus llamadas, tener sincronizado su reloj con el reloj de la compañía y, antes de decir hola, preguntar a su interlocutor cual es su compañía de teléfono y en qué meridiano y hemisferio está en ese momento. Añada que, seguramente, su compañía de teléfono ha cambiado su tarifa, unilateralmente, hace diez minutos y no le ha avisado. Se evidencia que la evolución tiende a la complejidad.
No cuela. Es como el timo de la estampita. Aclaro que, hace meses, decidí cambiar yo también -ya saben, la segunda parte contratante de la primera parte contratante- unilateralmente las tarifas cuando me viniera en gana y dejar de pagar cuando se me antojara. Urge un producto del tipo Cilit Bang en este mercado.
A la señorita, cuando ha consentido dejarme hablar, le he informado que se había equivocado, que me ha llamado al zapato y que, como acabo de pisar un chicle, no puedo seguir hablando con ella sin antes despegármelo de la oreja. Sobre su oferta le puntualizo que “más vale un toma que dos te daré” y le pido que se deje de monsergas.
Incluyo, en mi carpeta de varios, nota de contactar con el Tribunal de defensa de la competencia y las organizaciones de consumidores para exponerles mis inquietudes al respecto (temas de seguridad jurídica, conocimiento del precio y tal) por si consideran conveniente estudiarlo y, quién sabe, quizás intervenir.
Tras unos momentos esperando a que mi carrito vuelva a pasar por mi lado, me agarro a él, al vuelo, y me dejo llevar otra vez.
¡Loor al señor, oxana en el cielo!
¡Milagro!, ¡milagro! Acabo de descubrir que el Tetrabrick ha evolucionado. Por alguna mutación genética, ahora tiene una forma más cilíndrica y un tapón con rosca. Es una progresión interesante, teniendo en cuenta que se inventó en 1.951. Con el paso de otros pocos años conseguirán dotarle de un grado variable de transparencia con lo que habrán reinventado la botella.
No lo compro pues, hasta que no tenga la cualidad de transparencia, sigue sin resolverse el problema de seguridad de estos productos en las grandes superficies.
Me estoy luciendo. Llevo 3 horas aquí y todavía no he comprado nada.
Me consuela el hecho de que me distraigo mirando culos. ¿Se sorprende? De siempre se ha sabido que el varón mira el culo de las hembras. Recientes descubrimientos -las mujeres, previamente tratadas con pentotal, por fin lo han confesado- han evidenciado que ellas también miran el culo de los hombres. Como, además, es una parte de nuestra anatomía que, a menudo, suele diferenciar a los dos sexos, hay que concluir que, por ignotas razones evolutivas, el ser dibuhumano se pasa la vida mirando culos ajenos. No es un rasgo muy espiritual pero nos viene impuesto por nuestro ADN. De aquí a lo sublime apenas hay un paso ¿no?
Esto demostrará a los creacionistas que Darwin tenía razón, que la evolución existe y se acabará la discusión. O puede que Dios sea una pizca guasón, que nunca se sabe.
¡Uf! Llevo demasiado tiempo en la tienda. Tenía que ir saliendo.

Observaciones empíricas del grupo científico de seguimiento:
Ninguna. Sigue siendo “San Alberto Magno”, patrono de los científicos, festivo.

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